Pero callar no basta,
hace falta el verdadero silencio,
el que raspa decididamente las entrañas,
congestiona pensamientos,
anida el destino de la horrible predestinación,
el silencio que al querer volar
destroza los pechos con raíces,
como lombrices bailan y mastican el corazón.
Oliver E. López
23 de octubre de 2008


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