Hoy tenía ganas de llorar aquellas lágrimas que se han secado en mi garganta y me han hecho enmudecer.

Quería llorar por la enfermedad de mi perro; por el clima tan frío; por la muerte de Aldonso Quijano; por el amor no correspondido; la pérdida de la ilusión. Pero más vale seguir en silencio. Nadie debe saber que la soledad ha roído mis huesos.