Parecía dormida. Estaba con la cabeza afuera de su casa, calentada por el sol de la mañana. Extrañé su presencia adormilada; su paso ya cansado. A esa hora se acercaba a mi pierna y moviendo la cabeza pedía un cariño.

Nos conocimos hace 13 años. Era una bolita de pelo blanco que temblaba cuando la agarraba. Decidimos quedarnos con ella y disfrutamos educarla. Manchas y zapatos rotos fueron las marcas de que crecía. Las lamidas eran sus besos.

Corrimos muchas mañanas. Lloramos largas horas. Ni modo, tenía semejanza con mis actitudes: si no le hacía cariños por más de dos días, dejaba de comer. Si salía de vacaciones y la dejaba, regresando no me hacía caso sino hasta pasados tres días. Si olvidaba darle de comer, tiraba las macetas. Me ladraba cuando quería mi atención; no sé porqué durante la noche no lo hizo.

Betsy murió.