Pasamos toda la tarde vaciando el cuarto: yo y mi pasada yo. Encontramos libros, cartas, fotografías, llaveros, flores secas y mucho polvo. Había cubierto esa pared con libreros; no deseaba verla, me recordaba tanto a tu piel. Se queda la cama de las mañanas, las charlas empalagosas, las llamadas nocturnas y tu inicial que con estrellas formé en el techo. Me llevo la ilusión de vivir sin ti. Bien dicen que el amor de tu vida cambia con la vida así como se cambia de paredes y colores.


Escribe un comentario